martes, 13 de noviembre de 2007
El malestar en la política
Es comúnmente admitido que estas elecciones presidenciales señalan el inicio de una nueva etapa y no tan sólo de un nuevo gobierno. El período de excepcionalidad que siguió al hundimiento de fines de 2001 está llegando a su fin, como los principales actores políticos lo reconocen. Pero los contornos de la normalización política e institucional que se avecina permanecen indefinidos. Y sin embargo el desafío para el ordenamiento político futuro es acuciante. El proceso electoral ha puesto de manifiesto virtualidades y carencias de la evolución política.
En los años recientes la Argentina ha cambiado como no podíamos imaginárnoslo hace unos años cuando la mirada y los pasos de los jóvenes se orientaban a las puertas de salida que conducían a la residencia en el exterior como modo de escapar a un destino de decadencia. La recuperación de la economía y de la condición social de los más desfavorecidos se hizo en el contexto de decisiones audaces, solitarias y apreciadas: la reestructuración de la deuda, la abolición de las leyes que amnistiaron o evitaron los procesos a quienes se habían amparado en el poder de Estado para cometer crímenes de lesa humanidad, y alguna elemental pero decisiva reforma institucional, como es el caso de la renovación de la Corte Suprema. Pero una vez el período de excepción pasado, por más apreciados que sean sus resultados, no puede obviarse el giro requerido: se plantean desafíos que ahora se hacen prioritarios y que incluyen rectificar prácticas políticas que estuvieron amparadas en los apremios de la situación de excepción que se atravesó.
Las urgencias pasadas favorecieron la decisión en desmedro del debate y la argumentación. El espacio público y la comunicación política no han sufrido mayores restricciones formales pero no han florecido: la argumentación pública, la opinión de los ciudadanos comunes y de los expertos y el debate parlamentario todo ello previo a la adopción de decisiones y al establecimiento de prioridades y rumbos de gobierno no han sido la modalidad dominante.
La muy original modalidad de la competencia política para las elecciones nacionales del 28 de octubre: candidatos presidenciales autoproclamados amparados en su presunta popularidad y conformación en torno de ellos de coaliciones electorales en las que con frecuencia los socios compiten entre sí, nominación, en la mayoría de los casos, de candidatos a cargos parlamentarios como resultado de conciliábulos en torno del arbitraje del candidato estrella, exteriorización a lo largo de la campaña de tensiones significativas entre candidatos que se amparan en la misma etiqueta electoral, ilustran una escena de gran heterogeneidad que con frecuencia no presenta opciones discernibles para los electores y que, sobre todo, plantea el interrogante de qué sustento para gobernar ofrecen dichas coaliciones. La escasa o al menos poco inteligible diferenciación política para el ciudadano, aún informado, entre las diferentes ofertas va de la mano con el mencionado empobrecimiento de la argumentación y debate público y su consecuencia, la poca entidad pública –la mayoría son de conformación muy reciente– y homogeneidad de las fuerzas políticas existentes.
Los partidos tradicionales no compiten como tales y han jugado un rol marginal en la conformación de la oferta política, y esta marginalización de las identidades que monopolizaron la vida política en el pasado no puede ser considerada transitoria. Puede afirmarse que otros partidos o coaliciones más recientes, como el Frepaso, Acción por la República o Nueva Dirigencia también han tenido una vida efímera. Es decir que los lazos de representación han cambiado –parecen tener un carácter más circunstancial, configurándose con frecuencia ese vínculo en el momento de las campañas electorales– y se constituyen en buena medida en torno de liderazgos personales que suelen tener la plasticidad como para proponer una posición o actitud política que concita la adhesión ciudadana y no en torno de partidos orgánicos. Todo parece indicar que los partidos políticos omnipresentes no volverán a ser lo que fueron, y ello pese a cierta nostalgia de quienes conocimos esos tiempos y al empeño escolar de algunos cientistas políticos que piensan aún que ese formato está indisolublemente ligado a la existencia misma de la democracia.
No obstante la escasa cohesión, cooperación y concertación de quienes se han dado por vocación la actividad política y lo hacen bajo una común etiqueta constituye un problema mayor de la vida política.
La existencia de partidos políticos de nuevo cuño no es sólo un requerimiento para la organización de la competencia política electoral; el reconocimiento político y la legitimidad para decidir o actuar políticamente aunque tienen en las elecciones un hito decisivo, no se agotan en ella. Los ciudadanos contemporáneos reconocen a los gobernantes y representantes que han elegido, pero las decisiones de éstos deben ser de todos modos legitimadas cada vez, so pena de ver crecer una protesta que puede alcanzar la forma de la expresión pública del descontento. En esta nueva realidad de desconfianza ciudadana la argumentación y deliberación pública adquieren un lugar central. Es en el espacio público con el concurso de la comunicación política que se pueden intercambiar argumentos y madurar las decisiones, ese espacio tiene una función reguladora que permite a gobernantes y opositores medir las consecuencias de sus actos, la sintonía alcanzada con la opinión pública y, eventualmente, modificar el rumbo político para mejorar la representación.
En la Argentina, la ciudadanía está desprovista o liberada, según se aprecie, de identificaciones políticas permanentes, pero suele estar informada –con diferenciaciones socioculturales marcadas– y fluctúa en sus preferencias según lo que el debate público va presentando. Pero lo que falta dramáticamente en la vida pública son fuerzas políticas organizadas que puedan alimentar el debate público. No los partidos políticos del pasado, que probablemente no vuelvan a existir como antaño pues la ciudadanía no tiene en su mayoría lazos de identificación permanentes, ni vuelvan a tener el monopolio de la vida política y de la actividad cívica. La sociedad actual tiene actores múltiples que alimentan la vida pública, pero quienes tienen la aspiración de gobernar son actores específicos que deberían organizase como grupos nacionales con lealtades y afinidades en torno de un rumbo político. Este parece ser un déficit mayor, quizás el principal, para los tiempos que vienen, porque sin partidos, en el sentido actual del término, la competencia política se hace más imprecisa y, sobre todo, se plantea el grave interrogante de con qué recursos van a gobernar quienes tengan el favor del electorado.
El riesgo, si no hay organización partidaria elemental de los que gobiernan, y competencia política, es que el país aliviado de sus graves padecimientos pasados ingrese en un período de conformismo colectivo e incluso desinterés en los asuntos públicos, que hoy parece asomar, y que simplemente el asunto de quiénes gobiernan sea de interés menor. Ello puede suceder al tiempo que se acumulan demandas y descontentos no representados en la competencia política y que, si es el caso, pueden inaugurar un nuevo episodio en el divorcio entre representantes y representados.
* Profesor de Teoría Política Contemporánea (UBA), investigador principal del Conicet.
sábado, 10 de noviembre de 2007
Argentina: las elecciones y los dilemas del postneoliberalismo
| por Carlos Abel Suárez |
| Extraído de la revista digital SinPermiso |
| El triunfo de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) en las pasadas elecciones del 28 de octubre no sorprendió a nadie en la Argentina ni en el resto del mundo. Esta vez, con pronósticos más o menos cercanos al resultado final, las consultoras de opinión no fallaron demasiado. |
lunes, 22 de octubre de 2007
Susana Rinaldi: "Hay un proyecto de cambio"

Claro. El tango es muy rico como patrimonio. El tango ha padecido el concepto definitorio de Estado que nuestro país ha tenido desde dos corporaciones: los militares y la Iglesia católica. A partir de ahí, el tango siempre fue en un hecho prohibido y, por lo tanto, innecesario para la clase media alta que da aquí y en el mundo entero la necesidad de lo que se debe consumir y lo que no; siempre vamos a necesitar de algún burgués que nos diga qué es lo que tenemos que consumir y qué teatro tenemos que ver. De manera que lo que se enseñó en relación con el tango fue el desprecio. El tango nace desde la protesta, desde la denuncia social, como nació en los conventillos. En esa línea de pensamiento, ¿podemos considerar que un nuevo género que manifiesta la “protesta social” puede ser la cumbia?
Las grabadoras tienen la gran necesidad de sacar plata de cualquier lado. Con eso ya te digo lo que pienso y contesto rotundamente la pregunta. En efecto. Continuemos. ¿Cómo se articula el arte con la política?
Totalmente. Si algo te enseñan todos los caminos de las bellas artes es a comprometer tu conciencia al servicio de aquellos a quienes te estás dirigiendo y a quienes sin que te lo pidan estás representando.
El arte te genera una obligación y un estado de conciencia. Uno elige su repertorio sabiendo que se para delante de un auditorio que demanda, y no sólo desde la nostalgia y la melancolía. Es un canto de vida que expresa también una prepotencia de vivir e instalar sus demandas desde el lugar que les cabe a todos y cada uno en la sociedad. Entonces, la política me determina antes de empezar, antes de que yo me decida. Si desde mis 23 años estoy militando (en el Partido Socialista, aunque me quieran echar) para un sector de la sociedad por la solidaridad, la equidad y la ética, busco tener un discurso privado que tenga los mismos contenidos públicos que quiero dar, creo que es una obligación. ¿Cuáles son esos valores que desea pregonar si obtiene una banca en la Legislatura de la Ciudad en los próximos comicios? Lo que voy a hacer sí o sí es mencionar como proyectos de ley todos los estamentos culturales que necesitan aparecer en el Congreso. La palabra cultura se utiliza sólo en momentos electorales, no se sabe muy bien qué quiere decir. Es muy simple: cultura es conocimiento, de la vida, de tus derechos y de tus obligaciones. Y el primer derecho es saber que vivir bien no es sólo una necesidad, es un derecho. Todos los que formamos parte como agentes culturales de este gran patrimonio que tiene la Argentina desde la literatura, la música, la danza, la plástica, desde la cultura, tenemos que saberlo porque es lo que nos ha defendido en los momentos en los que nos tiraban por la cara el pasaporte y curiosamente también envidiaban nuestra cultura, nuestra capacidad de reacción inmediata desde la poesía, desde la literatura, desde una forma de expresión. Cosa que les hizo decir a los franceses: “La verdadera vanguardia avanza desde la Argentina”, y en su peor momento social, político, económico. La cultura es la que nos defendió, nos protegió y la que todavía nos sigue protegiendo. ¿Hoy la cultura se encuentra pauperizada?
No, para nada. Lo que se pauperiza es una sociedad que está tan conflictuada… es muy difícil la Argentina. Nosotros tenemos un problema muy grave, que ya lo apuntó (Domingo Faustino) Sarmiento, que es la distancia. Y hemos dejado que la distancia se acreciente porque les permitimos avanzar a los ineptos, por conveniencias que no nos competen. Pero cuando la gente se siente capacitada, se siente también con derechos, a reclamar, a decir sobre lo que conoce, sobre lo que sabe. Yo siento que si entro al Parlamento, por primera vez la palabra cultura va a tener sentido; porque va a tener sentido refrendar la necesariedad de la educación, la importancia de estudiar y de capacitarse. Ya han entrado actores, artistas de distintos partidos al Parlamento, pero no hablaron de cultura, terminaron hablando de negocios. Debemos dejar de lado la idea de que el extranjero tiene que darnos la reválida, decirnos cómo somos o si servimos. Si es el extranjero quien está usando de nuestro talento porque nosotros no le damos espacio a los que lo tienen aquí. Hay un tiempo de cambio, aprovechémoslo desde el mejor lugar, que es el conocimiento. Reconocer y decir: “me equivoqué”, y seguir adelante con el mismo empeño de antes de equivocarse, y no tomarlo como una piedra para entorpecer el camino que nos está esperando. Me cuidé mucho de no ser una “ejercitadota cantante del sistema”, por eso tengo propiedad, convicción, decencia y honestidad para hablar de lo que estoy hablando. Algunos sectores cuestionan su apoyo a la fórmula oficial para la Presidencia, considerando que fue una de las fundadores del ARI…
Por eso mismo no estoy en el ARI, porque el ARI no es lo que fue ni mucho menos. El ARI fue la conciencia de entre otros primeros Alfredo Bravo, uno de mis grandes maestros. Hoy, Alfredo Bravo se daría 400 veces la cabeza contra la pared de ver de qué manera una parte del socialismo apoya a un sector que si en algo descree es en ellos mismos; un sector conducido por una persona que con el afán de pregonar su decencia políticamente comete dos actos de una injusticia impresionante con los demás: renunció a su banca, a la voz que sus electores le dieron para que expresara brillantemente las necesidades de este país; y dejó tirados completamente a sus compañeros del Ari cuando renunció como presidenta de lo que ella dice haber creado. Entonces, con ese ejemplo adónde vamos. En este momento hay un proyecto de cambio, de versatilidad, de diálogo, porque son distintos colores que convergen en una necesidad que es concertar, por eso estoy en Diálogo por Buenos Aires. Confió en Cristina Fernández, esta mujer, trabajadora, compañera, capaz y sobre todo tenaz y rigurosa: virtudes fundamentales para que el cambio se pueda llevar adelante. Creo que el país necesita eso, un diálogo franco y abierto. Y este momento es este momento o no es más.
sábado, 20 de octubre de 2007
Los intelectuales y la política
Entre quienes tienen posibilidades de contribuir a la producción de ideas, se han venido desarrollando, a grandes rasgos, cuatro maneras de posicionarse frente a las transformaciones que se están produciendo en América latina. Están los que siempre se alinean con la defensa del statu quo, que constituyen la postura dominante entre quienes tienen capacidad para definir la agenda de lo público. En el polo opuesto, pero como si los hubiesen inventado los primeros, se encuentran algunos cenáculos que se olvidan de las enseñanzas de la historia y repiten con asombrosa perseverancia e inalterable melancolía los discursos revolucionarios de un siglo atrás, generando confusión y desasosiego. Están también, por cierto, los que se han alineado decididamente con lo nuevo que ha venido despuntando, pero que no siempre llegan a constituir un sector decisivo. Y están los que han preferido ubicarse en las gradas de las plateas y, con un cierto paladar negro, evalúan a los protagonistas, destacando por lo general sus limitaciones y las distancias con lo que serían sus más íntimas aspiraciones.
En cada país se distribuyen de manera diversa, pero me interesa atender al caso argentino donde resulta evidente, por lo nutrida, la presencia del último sector. Hay razones históricas que contribuyen a que sea así. De una parte, el más consistente movimiento popular surgido hace medio siglo, lo hizo prescindiendo de buena parte de la intelectualidad progresista, en medio de la confusión que generaban los posicionamientos en torno del curso de la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que transcurrir casi un cuarto de siglo para que esa fosa entre pueblo e intelectuales comenzase a cerrarse. Pero las apuestas de entonces no fructificaron. Y el 1º de mayo de 1974, en la Plaza de Mayo, se abrieron nuevas heridas.
La pasión democrática de 1983 se fue diluyendo, lejos de las ilusiones de un nuevo movimiento histórico. Después, el desconcierto fue ingente cuando el movimiento popular de Perón y Evita fue utilizado como cobertura para imponer el recetario neoliberal. Finalmente, la frustración fue mayúscula con la efímera y tergiversada Alianza.
No es sorprendente que en el ánimo de muchos estos desencuentros hayan hecho mella. Los curados por el espanto no tienen por qué ser pocos. Pero lo que viene sucediendo ahora aquí es algo que nos trasciende y tiene presencia en toda la región: en Brasil, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, para nombrar a los más notables, con sus particularidades, según la relación de fuerzas en cada país. Es diferente a las encrucijadas de antaño. En nuestro caso, a diferencia de lo que nos ocurriera hasta ahora, no hay motivos para que las izquierdas que jalonaron el siglo XX, lo mejor del movimiento que forjó Perón, lo más auténtico del compromiso popular de los radicales y quienes intentaron forjar al Frepaso, no cierren filas en un proyecto compartido. Aunque no se tenga todo el libreto preparado, hay razones de fondo que contribuyen a que podamos reverdecer la esperanza. Por cierto que en el contexto de los tiempos que corren, en los que ya no se pueden imaginar revoluciones aisladas, ni presuntos socialismos que se van agregando desde diversos y remotos rincones de la periferia. Estamos en otro tiempo y, a diferencia de lo que ocurría en el siglo pasado, en nuestra región no son minorías precursoras las que se han puesto en movimiento sino que han despertado o reaccionado mayorías profundas.
Las dificultades y los interrogantes son ingentes, empezando por los márgenes para redistribuir riqueza que de buenas a primeras otorga la lógica de la economía globalizada, sin ceder flancos a la desestabilización. Probablemente haya que atender a la experiencia de los chinos, de los que no se puede decir que no hayan experimentado en su propia piel todas las alternativas imaginables, antes de utilizar las reglas de las artes marciales en la versión que ahora transitan. En cualquier caso, todo está para construirse y no hay garantías, salvo la certeza de que quienes quieren que nada cambie harán todo lo que esté a su alcance para desbaratar el intento. Ese es su papel.
Como nunca antes tenemos la posibilidad de aglutinarnos para poder realmente medir lo que somos capaces. Y no se trata de resignar el espíritu crítico. Bienvenido sea, siempre y cuando no nos confundamos en cuáles son realmente las expresiones de los que están decididamente enfrente, ni nos entusiasmemos con los microemprendimientos, que son ajenos a la trascendencia en la esfera de la política. Sin las enseñanzas de la historia, es normal que la espontaneidad haga perder de vista las distancias entre los deseos y lo que puede ser alcanzado. Perder de vista lo principal siempre facilita que cuele la provocación, la división y enseguida la derrota.
Podrá decirse: “¿Y si nos ensartamos, si esta gente arruga y se genera una nueva frustración?”. Quizá lo que no se entiende es que la pregunta está mal hecha. La resultante no sólo depende de “esta gente”, depende de toda la gente que se pueda juntar. Las transformaciones pendientes dependen de las espaldas del frente capaz de sustentarlas, capaz de bancarlas. En las calles, poniendo la anatomía, y en los foros, nutriendo argumentos. Sólo con mucha gente y muchas ideas se pueden generar transformaciones trascendentes. Y “esta gente”, a no dudarlo, ha abierto la puerta. Quizá ya sea hora de que dejemos las gradas y empecemos a bajar a la cancha.
* Profesor titular de Política Latinoamericana y Sociología (UBA).
lunes, 15 de octubre de 2007
domingo, 14 de octubre de 2007
Nuevos Actores Centrales - Por Edgardo Mocca
Nuevos actores centrales *
Edgardo Mocca
Revista Debate 6-09-07
Casi nadie se atreve a pronosticar un cambio en la expectativa hacia la elección de octubre, como producto de las novedades de ese domingo
histórico que fue el que acaba de pasar. Ciertamente, los candidatos opositores no perdieron oportunidad de intentar capitalizar el clima electoral de Santa Fé –y, en menor medida, también de Córdoba- como oxígeno para sus campañas. Con el término vago de “victorias opositoras”, se pretende sumar en el mismo casillero experiencias tan distantes como las del PRO porteño y el progresismo santafesino.
¿Quiere decir, entonces, que no cambió nada en la política nacional? Por el contrario, hay un cambio importantísimo; pero su referencia temporal no es octubre de este año, sino el escenario político posterior, digamos hacia 2009. En un panorama político mucho más organizado en torno a liderazgos personales que a grandes partidos políticos, conviene reparar en cómo se configura la escena para el próximo período. Si los pronósticos no fallan, Cristina Kirchner estará en el centro indiscutido de esa escena. A su alrededor se dispondrán Macri que gobernará la ciudad capital del país al frente de una coalición de centroderecha, un peronista atípico como Scioli, la solidez de cuya pertenencia al espacio hoy oficialista es por lo menos dudosa y un socialista como Binner a cuyo alrededor se ordenará el espacio de la centroizquierda no alineada con Kirchner. Tres nuevos liderazgos nacionales que no se dejan agrupar en términos político-ideológicos, aunque aparezcan llamativamente unidos en ciertos modos de su discurso político: se presentan como líderes componedores, desdramatizadores de la política hasta el extremo de poner en cuestión la existencia de principios diferenciadores que la justifiquen.
Binner es la nueva referencia central del espacio de centroizquierda no kirchnerista. Ese dato tiene una extraordinaria importancia porque se trata de un desplazamiento desde el antikirchnerismo fundamentalista que predominó en ese sector durante el período en que Elisa Carrió ocupó ese lugar, hacia una visión más matizada y pragmática. Claro que el aparato partidario socialista del que forma parte el gobernador santafesino electo presionará en la dirección de una clara orientación opositora. Pero es altamente probable que Binner se abstenga de todo compromiso con la elección de octubre y se dedique a diagramar los primeros meses de su gestión. Nótese el parecido con la situación de Macri, sistemáticamente presionado por los impacientes del ala derecha de la clase político-mediática para levantar su perfil electoral nacional y, sin embargo, consolidado en su sitio institucional mientras prepara su estrategia para los nuevos tiempos. Sin ánimo de simplificar la relación entre líderes y partidos, hay que pensar que a partir de hoy, y sobre todo desde el próximo 10 de diciembre, Binner será un dirigente de trascendencia y predicamento nacional enormemente superior al de su escudería partidaria.
Hay otros actores no tan centrales pero relevantes para la próxima etapa. Luis Juez no fue “destrozado” electoralmente según la profecía que le transmitiera De la Sota, a tal punto que la elección terminará de aclararse recién en el conteo definitivo de los votos. El PJ cordobés y el gobernador electo Schiaretti seguirán teniendo mucha influencia en el próximo período, particularmente en ese gran nudo gordiano que debe desatar la política argentina que es el peronismo. Sin embargo, Juez, al frente de un progresismo cordobés heterogéneo y aun sin referencias partidarias nacionales se sitúa como otro de los nuevos actores con proyección nacional. Probablemente formará parte del tejido político de la centroizquierda, en cuyo centro estará Binner y en el cual aparecen con luz propia Fabiana Ríos, gobernadora electa de Tierra del Fuego, y Martín Sabatella, joven y exitoso intendente de Morón.
Como se ve, los nuevos ingredientes prefiguran una Argentina políticamente plural y considerablemente incierta. Desde sus primeros días, el eventual gobierno de Cristina tendrá que dar cuenta de este tablero transformado. Ya no será un país con un partido, el justicialista, que aglutine todos los fragmentos dispersos de la gobernabilidad territorial y más allá el vacío. El territorio de sus aliados y sus adversarios no tendrá la nitidez y la previsibilidad que caracterizan a los sistemas de partidos políticos consolidados; tendrá que navegar en aguas agitadas. ¿Han sido derrotas kirchneristas los resultados del domingo pasado? Depende. Si se atiende a cierta doctrina “panperonista” que sustentan algunos de sus seguidores, es evidente que sí. Aquellos que creen que el centro organizador de la futura vida política argentina será el justicialismo –el viejo, el renovado o el que vendrá- deben tomar nota de que están en problemas: después del domingo su cotización ha bajado en la bolsa de valores políticos y ni los justicialistas cordobeses ni los santafesinos podrán aducir falta de apoyo oficial; lo tuvieron y acaso en mayor medida que lo que hubiera sido aconsejable para el gobierno. La devaluación de las acciones no supone una salida brusca ni catastrófica de la escena.Tengamos en cuenta que los caudillos provinciales peronistas y sus maquinarias no estarán necesariamente obligados a seguir orbitando alrededor de la figura presidencial: tal vez hacia 2009 ya haya madurado la alternativa del “retorno peronista” que, a pesar de la desesperación de algunos de sus promotores, no pasó este año de un desfile de oscuras figuras fuera de su época.
El gobierno enuncia su fórmula de gobierno futura como de “concertación plural”. Hasta aquí la ejecución no ha ido mucho más lejos que la frustrada “transversalidad” proclamada en sus inicios. Si se la concibe como un grupo de satélites girando alrededor del peronismo, la concertación tendría poco de nuevo. Claro que la pesadez en el reacomodamiento de las fuerzas políticas obedece a una dinámica que excede largamente el poder de la voluntad del oficialismo. Hasta aquí los interlocutores del proclamado pluralismo han aportado poco y, mientras tanto, los aparatos provinciales del justicialismo proveyeron del capital de apoyo necesario en la etapa de “salida del infierno”. Ni esos aparatos ni la identidad peronista son reliquias del pasado de las que puede prescindirse sin costo alguno, como sugiere cierto simplismo analítico. La pluralidad los incluye. Pero acaso la novedad principal de este domingo consista en que algunos potenciales interlocutores de la concertación empiezan a contar con recursos de poder e influencia que los capacitan para un diálogo paritario y eficaz. En el futuro el depósito de gobernabilidad no será exclusivamente peronista, lo que puede hacer que la constitución de nuevos actores políticos colectivos deje de ser una idea ingenua e inoperante para devenir una necesidad perentoria.
jueves, 4 de octubre de 2007
UNIVERSALIZAR LAS CAPACIDADES DE CUALQUIERA
Entrevista a Jacques Rancière
Pareciera que una maldición pesa sobre la acción política que quiere cambiar el mundo. O bien hay prácticas políticas locales, singulares, colectivas y situadas, experimentando sobre terrenos concretos (salud, educación, prisión, inmigración...) problemas y respuestas efectivas, en primera persona, pero desentendidas del “conjunto de la sociedad”. O bien hay “alternativas generales” que sólo máquinas de abstraer y de neutralizar la participación pública de cualquiera, como los partidos políticos, pueden poner en marcha. Es la oposición entre universal y particular que organiza hoy las ideas dominantes.
El pensamiento político de Jacques Rancière señala el carácter ficticio de esa fatalidad: no hay nada natural en ella, sólo la reproduce determinada forma de pensar. La política es la articulación, crítica y disensual, entre un problema concreto y la lógica general de dominación. Un sujeto político es quien va más allá de reclamar su “parte” y cuestiona la misma distribución jerárquica de las partes y los lugares (lo que Rancière llama la “lógica de Policía”, opuesta a la política). Ese “suplemento” a la distribución instituida de las partes y los lugares supone una dimensión de universalidad: una práctica política singular y situada puede atravesar lo social entero con las preguntas que plantea, con la afirmación de las capacidades de cualquiera para la acción que demuestra. Aquí se rompe la oposición entre universal y particular: la política crea casos de lo universal singularizado, concreto. Ya no el universal policial de la representación política, sino un nuevo universalismo emancipador.
La siguiente entrevista con Jacques Rancière fue realizada en el marco del encuentro sobre “Nueva derecha: ideas y medios para la contrarrevolución”, que Archipiélago coorganizó junto a la Universidad Internacional de Andalucía el noviembre pasado[1]. Plantea algunas preguntas y problemas a Jacques Rancière a modo de invitación a actualizar las claves básicas de su pensamiento político, a la luz de las transformaciones del mundo en curso. Se celebró en la librería La Fuga, en el corazón de Sevilla.
Archipiélago: Surge una cuestión sobre la “política de los sin parte”. ¿Qué significa ser hoy “sin parte”, si tenemos en cuenta que, con la precarización generalizada de la vida que las reglas del capitalismo postfordista ha impuesto, parecería que esa condición podría atribuirse a “cualesquiera” figuras sociales?
Jacques Rancière: Creo, en primer lugar, que tal vez sea preciso aclarar la noción de “sin parte”. Para mí, la noción de los “sin parte” es la noción de un sujeto político, y un sujeto político nunca puede ser identificado sin más con un grupo social. Razón por la cual digo que el pueblo político es el sujeto que encarna la parte de los sin parte –con ello no decimos “la parte de los excluidos”, ni que la política sea la irrupción de los excluidos, sino que la política es, ante todo, la acción del sujeto que sobreviene con independencia de la distribución de las partes sociales. En el fondo, esta concepción se distingue de una concepción tradicional, marxista, que identifica un sujeto de la emancipación con una determinada figura social producida por el desarrollo económico, por la producción capitalista. Esto tiene que ver con la cuestión del “precariado”, puesto que “precario”, sobre todo en la teorización de Negri, designa una nueva dimensión económica, una nueva forma de trabajo y, al mismo tiempo, se supone que define nuevas formas de subjetividad política. La tesis de estos autores sería que el precario, como nueva figura, ocupa el lugar del proletariado, en tanto que otro tipo de obrero, producido al fin y al cabo por otro tipo de economía, esto es, ocupa el lugar del obrero definido por la gran industria, por el fordismo, etc. Para pensar esta cuestión, es preciso salir de la cuestión de la “precarización”, y tal vez sea preciso retroceder en el tiempo para reconocer lo que “proletario” ha significado precisamente como sujeto político. Toda la doctrina marxista tradicional define el proletario como el obrero formado por la gran industria, y en particular, el obrero fordista. Ahora bien, es preciso recordar que el movimiento obrero fue inventado por obreros que eran tan precarios como los trabajadores precarios de hoy en día, y que, por encima de todo, “proletario” define la relación entre una exclusión y una inclusión. “Proletarios” significa, ante todo, aquel que no tiene parte, aquellos que viven sin más, y políticamente define aquellos que no son tan sólo seres vivos que producen, sino sujetos capaces de discutir y de decidir acerca de los asuntos de la comunidad. Así, pues, representar la “parte de los sin parte” quiere decir precisamente vincular la cuestión del estatuto de una u otra categoría a la cuestión más general del poder de cualquiera. El corazón de la subjetivación histórica proletaria fue precisamente la capacidad, no de representar la potencia colectiva, productiva, obrera, sino de representar la capacidad de cualquiera, la capacidad, justamente, en tanto que excluido. De esta suerte, una forma de integración/exclusión económica es una cosa, distinta de una forma de integración/exclusión política. Uno puede estar en una situación precaria, y estar sin embargo constituido como una identidad por un sistema, pero también uno puede tener un estatuto de trabajador muy definido, y al mismo tiempo estar completamente identificado a esa esfera particular, a la par que excluido de la esfera de los asuntos comunes.
Archipiélago: Retornemos a lo que usted denomina “policía”, esto es, el poder en tanto que capacidad de disponernos los lugares, las partes, los atributos de cada uno, con arreglo a una lógica de “contar las partes”. A este respecto, ¿cómo funcionaría esta figura del poder de policía —contrapuesta a la política en tanto procedimento desidentificatorio— en la lógica de la sociedad-red, en la lógica conexionista, esto es, cuando ya no estamos definidos por la pertenencia a una estructura, sino por el acceso y la conexión a la “red”, que ha de ser conquistada en cada momento, so pena de desconexión, de caída en el vacío?
J. Rancière: Creo que el presupuesto de su pregunta, esto es, que ya no vivimos en sociedades de pertenencia, que todo se ha tornado precario, móvil, fluido, etc., ha de ser puesto en tela de juicio. Creo que seguimos viviendo en un mundo “sólido”, marcado por pertenencias, a diferencia de cuanto afirman las teorías acerca de una sociedad postfordista o postmoderna. No obstante, aun partiendo de tales supuestos, me parece que con ello se define precisamente una forma de policía perfectamente concreta, que debe con mayor razón marcar determinadas pertenencias y determinados límites. El hecho de que las posiciones sean más móviles en el ámbito individual no elimina la función policial en cuanto tal, esto es, la función de definición de categorías de estabilidad y de permanencia. Creo que podemos determinar tres dominios en los que esta especie de redefinición de la policía es capaz precisamente de redefinir categorías estables:
a) Un primer dominio es el de la reestructuración de los sistemas de seguridad social, de los sistemas de organización del trabajo y de los sistemas de adopción de aquellos que no trabajan, porque cuando hay mucha gente que en efecto son precarios, nos encontramos con que el Estado se apodera de funciones que antes eran funciones compartidas y negociadas, principalmente entre el Estado y las organizaciones sindicales u organizaciones surgidas de la sociedad misma. Ahora bien, lo que sucede en una situación como la nuestra es que asistimos a una tendencia por parte del Estado a monopolizar esas funciones, por ejemplo, a transformar los sistemas de solidaridad social en sistemas de protección garantizados conforme a criterios fiscales. Si nos fijamos en un conflicto como, por ejemplo, el de los intermitentes del espectáculo en Francia —que considero un conflicto ejemplar desde este punto de vista—, tenemos una categoría de trabajadores que plantea problemas para los sistemas contables de la seguridad social, y que plantea precisamente el problema siguiente: ¿qué constituye hoy el estatuto social de un individuo, qué relación encontramos en lo sucesivo entre los individuos, la estructura del trabajo y la pertenencia al Estado? Otro dominio se determina desde el momento en que el Estado debe gestionar el no trabajo o el trabajo parcial, etc., debe gestionar en consecuencia las relaciones entre trabajo y vida. Se plantea entonces la cuestión: ¿quién es capaz o no de llevar a cabo la reflexión sobre esa relación? Todos los debates sobre la reforma del sistema de pensiones, sobre las formas ambiguas, como los intermitentes del espectáculo, plantean la cuestión las formas de relación de un pequeño segmento del mundo del trabajo con el resto de la sociedad, plantean la cuestión de la relación entre el presente y el porvenir, esto es, la cuestión de quién es capaz de pensar esa relación entre el presente y el porvenir. ¿Son capaces de pensar esa relación los intermitentes del espectáculo, o bien se trata de un monopolio del Estado? En cuyo caso sólo éste podría pensar la relación de lo particular con lo general, y del presente con el porvenir.
b) El segundo punto nodal es la cuestión de los límites. Se supone que el trabajo se torna más precario, o más fluido, en un mundo en el que en principio ya no habría fronteras, en el que las riquezas y los seres humanos circularían libremente. Pero sabemos perfectamente que lo que sí se verifica en el caso de las riquezas no lo hace en el de los seres humanos. Entramos en particular en la cuestión de las fronteras, esto es, la cuestión de quién puede entrar o no en un país. En este sentido, asistimos en la actualidad a un reforzamiento de la cuestión de la pertenencia, que puede cobrar formas violentas, de rechazo del extranjero, o bien formas policiales/refinadas [policiers/policées], con la fijación de cuotas de extranjeros que pueden ser admitidos al año, etc. La cuestión de la inmigración —tal y como es denominada— ha sido siempre una cuestión práctica, ligada a las diferentes oleadas migratorias. Hoy se torna en una cuestión pública, es decir, en el momento en el que, en principio, numerosas fronteras tienden a desaparecer, por otro lado se refuerzan en lo que atañe a los seres humanos, determinando una contradicción en el sistema, que intenta controlar este flujo con la idea de límites, cuotas, competencias, criterios, y que, por otra parte, algunos movimientos intentan precisamente politizar la cuestión, diciendo que todos aquellos que quieren vivir en un lugar tienen el derecho a hacerlo, que todos aquellos que trabajan en un lugar pueden ser ciudadanos del país en el que trabajan, etc.
c) Un tercer punto significativo de lo que a mi modo ver constituye una continuidad y al mismo tiempo de redefinición de la lógica de policía, que es en términos generales la cuestión de los agentes, los interlocutores válidos. Tomemos como ejemplo un país como Francia, en el que tradicionalmente rigen los valores universales, los valores de la República, en el que no se reconoce a las comunidades. En realidad, un país que se dice universalista se enfrenta a estas cuestiones del siguiente modo: por un lado, el Estado define todo lo conflictivo como un problema que ha de ser resuelto mediante un análisis experto. Ahora bien, una vez hecho esto, la lógica de policía ha de arrostrar el problema de cómo transformar los resultados de tales análisis expertos en medidas que sean aceptadas. Se plantea entonces la necesidad de encontrar interlocutores válidos. Es preciso constituir a los interlocutores, es preciso tener, justamente, representantes de todos los afectados por un determinado problema. De esta suerte, la sociedad oficial se afana en decir que han de formarse interlocutores, y que frente a los diferentes derechos —que en Francia, de nuevo, se expresa como el problema de la separación entre la sociedad oficial y la sociedad real— hay que establecer un sistema de cuotas, o que los partidos políticos incluyan candidatos de minorías en sus listas electorales, que tengan su cuota de mujeres, su cuota de personas de origen inmigrante, etc. Se configura así un nuevo punto de tensión, de conflicto entre política y policía, que puede definirse del siguiente modo: ¿ha de ponerse en práctica una lógica policial de designación de representantes de las partes, o de interlocutores oficiales de una negociación, o bien prevalece una lógica política, que no concibe representantes de un grupo, sino enunciadores de un conflicto, no sencillamente entre grupos, sino entre lógicas de constitución de la comunidad?
Archipiélago: La irrupción política de los sin parte, intempestiva, que desplaza límites, redefine los datos de los problemas, abre espacios políticos, plantea el problema de la continuidad. En América Latina, por ejemplo, resurge en la actualidad la temática de los contrapoderes, esto es, de una persistencia espacio-temporal de las irrupciones políticas, de una inscripción en la vida cotidiana del acontecimiento y de su relativa institucionalización en ruptura. ¿Cabe concebir una prolongación del acontecimiento político, más allá de su irrupción? ¿Cómo podemos persistir en el mismo, organizar la política con arreglo a una temporalidad no solamente irruptiva?
J. Rancière: En primer lugar, no me considero un fanático del acontecimiento como irrupción. Pienso que los acontecimientos, es decir, las secuencias de movimiento identificables, no son irrupciones, sino transformaciones del paisaje común. En este sentido, me parece que hay que salir de la oposición entre la irrupción de los acontecimientos, por un lado, y la organización, que sería algo sólido, instalado, por el otro. Un acontecimiento es una transformación del tejido común, mientras que la cuestión de la organización consiste en cómo prolongar esa transformación de lo que es visible, sensible, de lo que se revela como posible para quienes eran considerados incapaces, encerrados en su impotencia. Se trata de una cuestión paradójica: una organización en sí misma no tiene ningún interés. La cuestión atañe más bien al problema de porqué y para qué hay que organizarse, esto es, en qué medida aquello es político, en saber cuáles son los nudos políticos. A mi modo de ver, los nudos políticos son siempre algo que remite siempre a la parte de los sin parte, es decir, a la manifestación de una capacidad de cualquiera. La política está ligada a esa universalización de la capacidad de cualquiera. Y en este sentido, en el fondo lo que hay que prolongar, lo que está en el centro de la organización es esa capacidad de multiplicar la demostración que ha tenido lugar en un momento y en lugar determinados: cualquiera es capaz de acción política. Esto nos conduce además a la cuestión del tipo de temporalidad. Cuando pensamos en cómo prolongar el acontecimiento, nos vemos trabados por dos tipos de temporalidad tradicional, a los cuales se nos remite en todo momento. El primer tipo es la temporalidad de la sociedad “política”, de los políticos, con sus plazos (elecciones, el Tratado Constitucional Europeo, por ejemplo, etc.). Se trata de una remisión constante de todo combate, de su traducción en plazos institucionales. El segundo es la temporalidad tradicional de las etapas. En ésta se considera que somos transportados por una suerte de corriente de la historia, por el desarrollo del capital, la transformación de los modos de producción. Y en esa medida se trata de traducir todas las secuencias de movimiento con arreglo a esa temporalidad por etapas: ¿cómo constituir núcleos cada vez más importantes de nuestro grupo? ¿Cómo constituir fuerzas cada vez mayores del partido de mañana?, etc. Creo que es preciso salir de esa doble temporalidad, esto es, es preciso aceptar que no somos transportados por la historia, por una especie de porvenir que estaría ya incluido, presente, en una especie de dinámica propia de la sociedad. Me remito al El maestro ignorante, donde he analizado la teoría de la emancipación intelectual según Jacotot. Allí se plantea que la igualdad no es nunca un objetivo, sino siempre un presupuesto. Así, pues, lo importante es lo que, en cada momento, permite la presentación, la declaración, la afirmación, la encarnación de una potencia de igualdad, de una potencia de capacidad de cualquiera. A mi modo de ver, cabe salir de esa temporalidad de los objetivos, del futuro opuesto al presente, para pensar en una temporalidad del crecimiento del presente, o del crecimiento de las potencialidades del presente, que no se definen mediante cálculos estratégicos, sino por las capacidades nuevas que pueden surgir, desarrollarse, confirmarse en cada momento. En este sentido, si cabe concebir una organización política, se trataría de una organización que permite, no sólo una progresión de etapas, sino algo así como un crecimiento de las capacidades en todos aquellos lugares en la que éste puede afirmarse.
Archipiélago: ¿Qué experiencias concretas de movimientos políticos actuales podrían servir de ejemplo de esa modalidad de universalización en tanto que crecimiento y multiplicación de las capacidades de cualquiera?
J. Rancière: Por desgracia, los ejemplos de ese crecimiento son raros. En buena medida porque, a mi modo de ver, las organizaciones políticas permanecen completamente atrapadas en las dos modalidades de temporalización, esto es, la de los plazos de la política sistémica, así como en la de las etapas de la revolución. Como consecuencia de ello, muchos movimientos que encarnan acontecimientos son al mismo tiempo movimientos que se cierran sobre su propio acontecimiento, sobre su propio medio, su propio lugar, sus propios nudos de problemas (por ejemplo, la revuelta en las banlieues de noviembre 2005). Hoy, por servirnos de un ejemplo francés, encontramos dos escenas: por un lado, la escena oficial (con sus elecciones, etc.) y, por otro lado, como si se tratara de dos extremos, la escena del margen, esto es, de expresiones como la del movimiento de los sin papeles, de los intermitentes del espectáculo, etc. La consecuencia de esto es una especie de división, donde encontramos gente que dice: “nosotros rechazamos la política oficial; nosotros hacemos una política real de las personas, una política sobre el terreno”, etc. Esto crea a veces formas de eficacia bastante fuertes, pero que declaran que su fuerza reside en que sólo se ocupan de sí mismas. Un ejemplo de ello lo tenemos en el movimiento contra la expulsión de familias sin papeles que está llevando a cabo el gobierno francés en estos meses. Se trata de un movimiento muy fuerte, que se ha constituido en torno a las escuelas a las que acuden los hijos de las familias sin papeles con orden de expulsión, esto es, en torno a casos precisos: en tal escuela hay un niño de una familia que va a ser expulsada. Se produce una implicación muy fuerte en torno a esa batalla concreta, y que consigue resultados, pero en el fondo lo hace precisamente diciendo: “nosotros sólo nos ocupamos de eso; no nos ocupamos del resto de la sociedad oficial, de las elecciones, etc.”. Ésta es la situación. Pero, a mi modo de ver, se trata de llegar a constituir movimientos que sean capaces de decir algo, de expresarse como fuerza política sobre absolutamente cualquier cosa. Tanto sobre los sin papeles, las revueltas de la banlieue o las elecciones presidenciales. Rompiendo esa especie de división entre lo que sería la escena oficial y la escena de lo que sería la acción concreta. No obstante, surgen movimientos interesantes. Por ejemplo, en la primavera pasada surgió en Francia el movimiento contra el cpe (Contrato de primer empleo), formado fundamentalmente por jóvenes. Lo interesante de este movimiento consiste en que ha sido impulsado por gente que no pertenece al “mundo del trabajo” asalariado, esto es, no se trata de una lucha por la defensa de los intereses de tal grupo, de tal institución, etc., sino de un combate por la articulación entre dos bloques de la sociedad, el de la formación y el del mercado de trabajo. A este respecto, pienso que ha habido avances importantes en el seno del movimiento. Sin embargo, el problema sigue consistiendo más bien en constituir una organización que se muestre capaz de tornarse en actor general de la política, no sólo de prolongar acontecimientos, sino capaz de declararse no como actor parcial (rompiendo con esa lógica de los actores parciales específicos para tal o cual combate), esto es, una organización, como hemos dicho, capaz de manifestarse sobre cualquier cosa (ya sea la cuestión de los sin papeles, las elecciones presidenciales, o el conflicto palestino-israelí) para expresar, en todo lugar, la capacidad de cualquiera.
No obstante, no tengo soluciones para el problema. Para mí, el problema consiste ante todo en redefinir lo que es político, esto es, quién es capaz de política. A mi modo de ver, esto es algo previo a toda teoría de la organización. Estamos en una situación en la que, en lo que atañe a la organización, habría que pensar en algo así como un Forum. No obstante, a un Forum suelen llegar decenas de organizaciones, cada una con su punto de vista, sus intereses, etc., e intentan convencerse unas a otras. Se trata a decir verdad de una estructura muy sesgada por la lógica de la organización. Para contrarrestar esta tendencia, se trataría de que cada acontecimiento, cada conflicto, lograra constituir su propia memoria, su propia acumulación, apoderándose de otras cuestiones. Se trataría de que quienes trabajan en las cuestiones del altermundialismo, de los derechos de las mujeres, o de los gays, de los extranjeros, etc., constituyeran el espacio en el que esa apropiación mutua pueda tener lugar, en el que pudiera hablarse de todo. Y lo que está en discusión es el estatuto de unos temas/sujetos políticos en tanto que fuerza de organización política, pero esta fuerza reside precisamente en la capacidad de problematizar otras cuestiones en tanto que actores generales que manifestan la capacidad de cualquiera, es decir, está en discusión esa extensión de las capacidades, no de prolongar eventos sino de declarar que en el fondo no hay actores parciales, ligados exclusivamente a tal o cual combate. De lo contrario no estamos ante una capacidad de universalización de los acontecimientos que no se vea preformada por la lógica sistémica o por la lógica de la historia.
Archipiélago: ¿Se puede luchar sin un horizonte utópico de transformación generalizada de la sociedad o sin ese horizonte estamos condenados a movimientos políticos que sólo dicen “No” (no a la guerra, no a la gestión mentirosa del Partido Popular tras el atentado del 11 de marzo, no al cpe, etc.)?
J. Rancière: Son dos aspectos fundamentales de un mismo problema: la articulación de lo afirmativo y lo negativo en la acción política. En primer lugar, pienso que todo conflicto social significativo se plantea en primer lugar como una defensa frente a un ataque, fundamentalmente como una defensa frente a un ataque del Estado. Pero al mismo tiempo, en todo conflicto hay justamente una afirmación de capacidades. En todo conflicto social, ya se trate de la reforma del mercado de trabajo, de los sistemas de seguridad social, no se trata únicamente de saber quién pagará la protección social, sino quién es capaz de pensar en la comunidad y en el porvenir.
Esa afirmación de capacidades la encontramos, por ejemplo, en el conflicto que plantean los sin papeles, y se manifiesta en la destitución de la parte que les es asignada en tanto que desgraciados, y en tanto que incompetentes. Evidentemente, esto es falso. Ellos desarrollan una capacidad de hablar de la comunidad y dejan por ello de ocupar la parte de las víctimas.
Un segundo aspecto atañe a la cuestión de si se puede actuar políticamente sin tener una visión clara de una sociedad venidera. Mi punto de vista es que sí: no es preciso tener una visión clara de lo que sería, por ejemplo, la sociedad socialista. Hoy un movimiento político puede desarrollar la potencia de sus afirmaciones sin una referencia clara a esa sociedad venidera, lo que no significa que esto no sea un límite, un límite difícil de superar. En toda lucha hay en juego un porvenir, pero nunca sabemos el sentido de ese porvenir. De ahí que resulte difícil evitar una especie de perplejidad y la caída en un porvenires ya constituidos, como pudiera ser la teoría de la autonomía, por ejemplo.
Traducción del francés por Raúl Sánchez Cedillo
* Entrevista realizada por Marina Garcés, Raúl Sánchez Cedillo, Amador Fernández-Savater en noviembre de 2006.
De Jacques Rancière en español puede leerse: El odio a la democracia, Madrid, Amorrortu, 2006 (a propósito de este libro léase la entrevista a J. Rancière titulada “El nuevo discurso antidemocrático” que se publicó en el nº 72 de Archipiélago); El viraje ético de la estética y la política, Santiago de Chile, Palinodia, 2006; Sobre políticas estéticas, Barcelona, Llibres de recerca, 2005; El inconsciente estético, Buenos Aires, Del Estante Editorial, 2005; La fábula cinematográfica. Reflexiones sobre la ficción en el cine, Barcelona, Paidós, 2005; El maestro ignorante, Barcelona, Laertes, 2003; La división de lo sensible. Estética y política, Salamanca, Consorcio Salamanca, 2002; y El desacuerdo. Política y filosofía, Buenos Aires, Nueva Visión, 1996.
© Amador Fernández-Savater, 2006. Este artículo ha sido publicado bajo una licencia Creative Commons. Reconocimiento-No comercial-Sin obra derivada 2.5 . Se permite copiar, distribuir y comunicar públicamente el texto por cualquier medio, siempre que sea de forma literal, citando la fuente y sin fines comerciales.
NOTAS
1. Los contenidos del encuentro se pueden consultar en http://www.unia.es/artpen/etica/etica02/frame.html
viernes, 28 de septiembre de 2007
Acto Socialista con Susana Rinaldi. Martes 2 de Octubre -19hs- Austria 2156
ACTO
Presentación de la candidata a Diputada Nacional
por el Partido Socialista:
Susana Rinaldi
(2º Candidata por Diálogo por Buenos Aires)
Martes 2 de Octubre -19hs-
Austria 2156
Invita:
JUVENTUD SOCIALISTA METROPOLITANA

Se presentó los candidatos a diputado por Diálogo por Buenos Aires

“Somos los genuinos representantes de la centroizquierda en la ciudad”, dijo ayer Miguel Bonasso de quienes confluyen en Diálogo por Buenos Aires, al presentar su candidatura a diputado al frente de la boleta de ese espacio. En la búsqueda de un nuevo mandato en la Cámara baja, el escritor y periodista será secundado en esa lista por la cantante Susana Rinaldi, quien hizo una fuerte apelación al voto socialista y criticó la decisión del socialismo de aliarse a Elisa Carrió. Ambos llamaron a votar a presidenta a Cristina Fernández de Kirchner y al ministro de Educación, Daniel Filmus, como senador.
Diálogo por Buenos Aires es el espacio del cual Bonasso es referente junto a Aníbal Ibarra y Carlos Heller, quien meses atrás acompañó a Filmus en la fórmula para la Jefatura de Gobierno de la ciudad. La presentación de una boleta propia de diputados adosada a la que los kirchneristas presentarán para las categorías de presidente y senador es resultado del acuerdo que el trío Bonasso-Ibarra-Heller selló con los K para las elecciones porteñas. En esa ocasión Diálogo por Buenos Aires también presentó una boleta aparte para la Legislatura, que fue encabezada por el ex jefe de Gobierno y se quedó con cinco bancas.
“No estamos compitiendo, sino trabajando desde dos frentes en un mismo espacio nacional y progresista”, aclaró Bonasso a propósito de la situación y del saludo que el ministro de Trabajo y primer candidato K a diputado, Carlos Tomada, pasó a darle por el Café de los Angelitos.
Ese bar característico de Rincón y Rivadavia, reabierto hace apenas unos meses tras años de abandono, fue elegido como escenario del lanzamiento para simbolizar el interés de Diálogo por Buenos Aires en la recuperación de los sitios distintivos de la cultura y la identidad porteña. “Espero que las próximas candidaturas las presentemos en un Molino recuperado”, se esperanzó Bonasso, en alusión a la tradicional confitería ubicada frente al Congreso, que permanece cerrada desde hace años.
“Creemos que debe haber una cultura de coaliciones”, dijo también el periodista y escritor. Y destacó que “hay muchas cosas en las que estamos de acuerdo con Kirchner y con quien lo continuará en el cargo, la senadora Cristina Fernández, aunque también tenemos algunos desacuerdos”.
La “autonomía” de Diálogo por Buenos Aires con respecto al kirchnerismo también fue puesta de relieve por Ibarra y Heller, quienes flanquearon a Bonasso y Rinaldi en la presentación de los candidatos de ese espacio. Los que completan los primeros lugares de la boleta son Carina Lamas, María Elena Naddeo, Julio César Guarido y José Alberto Roselli.
La incorporación de Rinaldi a la lista tiene el propósito de disputarle el voto al socialismo, que apoyará con boleta propia la candidatura de Carrió. Ahí apuntó Bonasso al presentar a la cantante como “una militante socialista de verdad”; también cuando ensalzó a los hombres de ese partido presentes en le acto: “Representan lo mejor del socialismo porteño”.
Rinaldi cumplió su parte: después de evocar la figura de Alfredo Bravo, afirmó que “hay una buena parte de nuestro hermoso Partido Socialista que ha decidido olvidarlo”. “Es la parte que se ha ido con el ARI”, explicó y por si fuera poco echó más leña al fuego de la interna partidaria: “Yo no vengo a hacer ningún negocio que tenga que ver con una caja de dinero”.
fuente: Pagina/12
lunes, 17 de septiembre de 2007
jueves, 13 de septiembre de 2007
"En la línea del iluminismo progresista" por Oscar Terán
El notable triunfo encabezado por el socialismo en las elecciones santafecinas disparó en la memoria y las lecturas un vertiginoso recorrido por la tradición del partido fundado por Juan B. Justo.
Dos representaciones surgieron en torno a ese hecho. Una, proyectada hacia el pasado, donde una línea política continúa una tradición que se extiende hacia los más de cien años de existencia del Partido Socialista. Otra, las contenidas y cívicas ceremonias celebratorias de triunfo tan sustantivo, encarnados en la mesura democrática de los triunfantes candidatos santafecinos.
Toda tradición puede ser una heredad o una lápida, y es difícil no encontrar en la larga historia socialista un entrelazamiento de ambos factores. Nacido en 1896, el "viejo y glorioso" contó con una élite política de una calidad difícilmente superable. Inscripta en la línea del iluminismo progresista que colocaba en la plataforma partido-sindicato-cooperativa-parlamento la cuadriga de su accionar, ese partido identificó al socialismo con "el advenimiento de la ciencia a la política". Se planteó así como el primer partido moderno en esta parte del mundo, y se propuso como un emprendimiento programático y alejado de los liderazgos "irracionales".
Los otros, los liderazgos caudillistas o carismáticos (primero radicales, luego peronistas y siempre populistas), fueron asimismo colocados del lado de la denostada "política criolla", esto es, de un ejercicio del poder fundado en relaciones personalistas, facciosas y clientelares. Entonces, como en los programas educativos para los trabajadores que llevó adelante su Sociedad Luz, el socialismo pudo adscribir a la fórmula pedagógica que aún puede leerse en el frontispicio de alguna biblioteca popular del barrio de Saavedra: “El saber te hará libre”.
Articulados estos emprendimientos con un eje en la justicia social y colocando en su centro los intereses del mundo del trabajo, para la militancia socialista resultaba imposible desconfiar de que los trabajadores no darían finalmente su apoyo al partido de Justo, en la medida en que sus propuestas coincidían con lo que creían la esencia misma del movimiento obrero. Se trató de un error material de gravosas consecuencias. Derrotados desde 1916 a partir de la instancia electoral de sufragio universal, pudieron siempre apelar a la explicación del engaño de las masas, ensordecidas por la propaganda de los sectores dominantes. Esta escisión fue de largas consecuencias y arrastró la presencia encontrada de dos criterios de legitimidad contrapuestos. Variadas fueron las voces de aquel sector que incluyeron aquella escisión dentro de una fractura más dramática y estructural: en la Argentina, se dijo, en realidad convivían dos culturas heterogéneas, que configuraban hasta tipos socioculturales ajenos entre sí. Desde el campo nacionalpopulista se denunció a su vez el privilegio acordado por el socialismo a la dimensión formal-institucional, y se contrapuso las abstracciones inoperantes con el realismo de las “efectividades conducentes”. En las terminales de este proceso, el populismo acentuó el pragmatismo y la búsqueda de un poder de baja densidad doctrinaria.
La causa de los trabajadores
Hubo otra impugnación nacida tanto de una visión cuasi señorial cuanto de un extremismo que arremetió contra todo lo que identificaba como reformismo socialdemócrata, pequeño-burgués y timorato. Lo expresó rápidamente Lisandro de la Torre cuando ridiculizó a Justo como “un Lenin de la tarifa de avalúos”. Basta, por lo demás, con releer las Memorias de un militante socialista, de Enrique Dickman, para percibir el grado de virulencia con que el anarquismo combatió a los socialistas por considerarlos traidores reformistas a la causa de los trabajadores.
“Hormiguitas prácticas” para De la Torre o “bostas de paloma” por su carácter inodoro para el general Perón, los jóvenes radicalizados de los años 60 solimos replicar esas apreciaciones en aras de una voluntad de intensidades y extremismos que un mal día, como recordó Portantiero evocando a Gramsci, formó parte de la caldera en que se fundieron sin residuo todos los metales del diablo de la sociedad argentina. Pero no es mi intención resolver sumariamente un proceso secular tanto más complejo ni, menos aún, conceder o negar amnistías historicistas. Y esto debido a que nuestras propias historias suelen ser por doquier impuras e imperfectas, y no existen trayectorias partidarias impolutas. Historias de trágicos desencuentros y sufrimientos dibujaron esa dialéctica demasiado argentina entre la proclama de “a los enemigos ni justicia”, del general Perón, y del “se acabó la leche de la clemencia”, de Américo Ghioldi.
Pero he aquí que en medio de un panorama inficionado por la crisis política y de representatividad, donde la política misma amenaza convertirse en un ejercicio de puro poder con escasos principios y baja institucionalidad, en una sociedad corporativizada y con fuertes componentes de privatización de la vida y de reclusión de los individuos en la esfera privada de su egoísmo, el pasado domingo en Santa Fe el hilo de esos días se cortó. Cuando estábamos habituados al léxico soez que frasea los términos de la política con neologismos que hablan el lenguaje brutal del primereo, el apriete, el patoterismo, el acueste y el ejercicio cuasi cínico del poder, las pantallas de televisión mostraron a Hermes Binner enarbolando un retrato casero de Estévez Boero dentro de un escenario de mesura y democracia republicana que sabía exhibir logros significativos en ese corazón de la pampa gringa. Pudo entonces abrirse paso un rayo de esperanza progresista, restaurando al mismo tiempo la memoria de lo que supo ser una tradición civilizatoria. Pero aun en el menor de los casos, el notable triunfo encabezado por el socialismo santafecino ha sido por fin “un domingo en la vida” dentro de tantas dudosas jornadas argentinas
El Socialismo Gobierna Santa Fe

El 2 de Septiembre el pueblo santafecino hizo escuchar su voz: Por primera vez en su historia el socialismo gobierna una provincia en Argentina. De la mano de Hermes Binner, el Partido Socialista llega a la Gobernacion despues de un impecable trabajo en la intedencia de Rosario por 17 años.
Sin duda, es una oportunidad histórica para demostrar al socialismo como opción viable y superadora de las propuestas actuales. Quizá hoy con el radicalismo y el peronismo desbaratados y en decadencia se pueda a empezar a vislumbrar al Partido Socialista para ocupar ese protagonismo.
A lo largo de toda su historia, el PS ha demostrado capacidad e idoneidad para todos cuando ha tenido la oporutnidad de gobernar. Esta es nuestra apuesta mas importante.
Lo que dijeron los diarios
Pagina 12
HERMES BINNER LE GANO POR DIEZ PUNTOS A RAFAEL BIELSA EN LAS ELECCIONES A GOBERNADOR
Santa Fe, la nueva patria socialista
El candidato socialista cumplió los pronósticos y se impuso por 10 puntos a Bielsa. El triunfo se sustentó en la gran elección que realizó en la capital provincial y en Rosario. Binner contó que el presidente Kirchner llamó para felicitarlo. Es la primera vez que el justicialismo pierde en Santa Fe. Bielsa se adjudicó la responsabilidad.
Por Pablo Feldman
desde Rosario
A las 21.40 sonó el teléfono en la casa de Hermes Binner; del otro lado de la línea llegó la felicitación: “Muy bien, Hermes, hiciste una gran elección”. Así se inició el diálogo entre el presidente Néstor Kirchner y el dirigente socialista. Después de algunas horas de tensión, de datos cruzados y “veda” en la difusión de sondeos, el saludo presidencial puso fin a la reticencia del Frente para la Victoria para reconocer la derrota. Hermes Binner se transformó ayer en el primer gobernador socialista de la historia. La lentitud con que se fueron conociendo los cómputos oficiales no aplacaron el entusiasmo de los militantes que desde el mediodía –a partir de más de un boca de urna– comenzaron a desplegar su algarabía. Con el 95 por ciento de las mesas escrutadas, Binner se imponía por casi 10 puntos sobre Rafael Bielsa, candidato del Frente para la Victoria, a partir de una arrasadora performance en Rosario, donde el intendente Miguel Lifschitz obtuvo su reelección con cerca del 60 por ciento de los votos. Esa diferencia y el resultado en la capital provincial –donde el socialismo obtuvo una victoria inédita– abrieron una brecha indescontable para el peronismo en el interior de la provincia. “Es una jornada histórica, estamos muy reconocidos a los santafesinos, contentos con el triunfo y comprometidos con el futuro”, dijo Binner.
Al filo de la medianoche, el último cómputo le daba al Frente Progresista de Binner el 48,55 por ciento de los votos, contra el 38,87 por ciento que cosechaba el Frente para la Victoria de Bielsa.
Cerca del 73 por ciento de los empadronados concurrió a votar en una jornada primaveral, en la que no se registraron incidentes. Binner ganó en la mayoría de las ciudades importantes, imponiéndose en bastiones históricos del justicialismo. No habían cerrado los comicios y el encuestador Manuel Mora y Araujo ya le había acercado al bunker socialista un “corte” que le asignaba 15 puntos de ventaja en toda la provincia. Pero con el correr de las horas, una vez más fue Julio Aurelio –como en los días previos al comicio– el que sembró la incertidumbre con una medición que le asignaba a Bielsa un 2 por ciento de ventaja; aunque, minutos antes del reconocimiento de los resultados, Aurelio salió por la puerta de proveedores del Hotel Riviera.
Una hora después del llamado presidencial, Binner llegó al Patio de la Madera –donde el socialismo instaló su bunker– y en medio de una ovación ensordecedora saludó junto a su compañera de fórmula, Griselda Tessio, al intendente Lifschitz, al titular del socialismo, el senador Rubén Giustiniani, y otros aliados y dirigentes del partido que se sumaron al festejo.
“Un minuto de silencio, para Bielsa que está muerto”, “y ya lo ve, es para Bielsa que lo mira por TV”, fueron algunos de los cánticos que retumbaban en el auditorio. Binner, sin perder la compostura, de impecable traje, colocó un portarretratos con la foto de Guillermo Estévez Boero en el atril y se dirigió al millar de militantes que no paraban de cantar.
“Les hablo a todos los jóvenes que trabajan y sueñan con tener una esperanza, a los niños que no eligieron en qué cuna nacer... vamos a trabajar para una provincia más justa, que recupere su cultura, sus valores”, y recordó a Estévez Boero y a Lisandro de la Torre. “Quiero recordar a una persona muy querida y conocida, Pocho Lepratti, que inmortalizó León (Gieco) y que una canción extraordinariamente triste se transformó en un canto a la esperanza, y nos acompañó toda la campaña”, dijo Binner.
“No nos une el resentimiento ni la venganza, tal vez todos tengamos un poco que ver con que Pocho no esté vivo, necesitamos que sus ideas florezcan”, sostuvo emocionado al recordar al militante social asesinado por la policía durante las trágicas jornadas del 19 y 20 de diciembre.
“Tenemos una gran confianza del pueblo depositada en nosotros y vamos a trabajar para construir solidaridad, trabajo, para tener mejores escuelas, más hospitales y llevar a delante lo planteado en el programa, y lo vamos a cumplir”, cerró Binner y desató una fiesta que prometía prolongarse hasta la salida del sol.
A pocas cuadras de allí, en el microcentro de la ciudad, el cuartel justicialista vivía una pesadilla desconocida: una derrota en las elecciones provinciales, un hecho sin precedentes en la política santafesina.
“La derrota, a diferencia de la victoria, tiene un solo padre; si alguien no dio la talla, ése he sido yo”, dijo un Bielsa disfónico, ya sin sacar pecho. “Felicito al doctor Binner por haber obtenido la victoria y le deseo la mejor de la suerte”, dijo el diputado por la Capital Federal, que anticipó que “presentaré mi renuncia a la banca de diputado nacional”, al ser consultado por su futuro político.
La NaciónEl socialista Binner se impuso en Santa Fe
Lograba el 48,56 % por sobre Bielsa, que alcanzaba el 38,84%, con el 96,88 por ciento de las mesas escrutadas; "Las derrotas tienen un solo padre, si alguien no dio la talla, ese he sido yo", dijo el candidato oficialista y le deseó "la mejor de las suertes" a su contrincante
El candidato del Frente Progresista Cívico y Social, el socialista Hermes Binner, se impuso en las elecciones a gobernador de Santa Fe por el 48,56 por ciento contra 38,84 por ciento del postulante del Frente para la Victoria, Rafael Bielsa, escrutado el 96,88 por ciento de las mesas.
Binner convocó a todos sus coprovincianos a "construir una provincia mejor, con más justicia, más equidad".
Binner se mostró confiado en que Santa Fe "recupere el hilo conductor de su historia, que recupere su cultura, los valores y que todos podamos vivir en solidaridad, con participación y con transparencia.
Pasadas las 22.15, el candidato kirchnerista Rafael Bielsa reconoció su derrota electoral y le deseó "la mejor de las suertes" a su contricante, el socialista Binner.
"Esta semana voy a hacer llegar mi renuncia a la Cámara a mi banca como diputado. Me honra haber formado parte de este equipo de trabajo"."Las derrotas tienen un solo padre, si alguien no dio la talla, ese he sido yo", sostuvo Bielsa.
A las 23.35, los datos oficiales indicaban que Binner aventajaba con el 48,55% de los votos a Bielsa (38,87%), cuando estaba escrutado el 94,96% por ciento de las mesas.
Lifschitz obtuvo la reelección. El jefe comunal de Rosario, el socialista Miguel Lifschitz, afirmó que la victoria del candidato a gobernador Hermes Binner y su propia reelección expresó "toda la energía de un pueblo que quiere cambiar la realidad"."Los convocamos a construir provincia mejor, con más justicia, más equidad", expresó Binner.
"Hemos obtenido el porcentaje más alto de reelección de un intendente en Rosario", afirmó Lifschitz.
Felicitación K. El presidente Néstor Kirchner y el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, felicitaron esta noche a Binner, según el mismo dijo durante su discurso.
Buen pronóstico. "Los números son muy favorables en todo el territorio", dijo pasadas las 18.30 el secretario de Gobierno de la intendencia de esta ciudad, Juan Carlos Zabalza.
El funcionario envió a quienes lo escuchaban en el búnker "un afectuoso saludo" de Binner, lo que desató los aplausos y la euforia en el comando socialista.
Los militantes respondieron a los gritos con el clásico "borombombom, borombombom, se viene Binner gobernador" .
"Estamos muy tranquilos, muy felices y esperando los buenos tiempos", manifestó.
Minutos antes del cierre del comicio, allegados a Binner habían dicho a LANACION.com que el ex intendente logra una ventaja de alrededor de 14 puntos. Le atribuyeron alrededor del 55 por ciento de los votos sobre 41 atribuidos a Bielsa.
Rebote en la Rosada. Kirchner enfrenta aquí una de las postas más importantes de la carrera hacia octubre. Tras las derrotas en la Capital a manos de Mauricio Macri y en Tierra del Fuego donde la diputada de ARI Fabiana Ríos será la próxima gobernadora, el triunfo de un socialista en esta provincia tendrá un efecto directo en la candidatura de la primera dama, Cristina Fernández.
Esta victoria se convertiría en un empujón para la oposición que no logra articular una alternativa con chances de dar pelea al kirchnerismo.
Clarín
El socialista Binner ganó en Santa Fe y prometió una provincia "con más justicia y equidad"
Llegó el día de la victoria para el socialista Hermes Binner, que será el gobernador de Santa Fe en los próximos cuatro años. En su discurso ante eufóricos partidarios en su sede de campaña, se mostró respetuoso de sus rivales pero remarcó: "No queremos hacer lo mismo que se vino haciendo en estos 24 años".
Luego de que el oficialista Rafael Bielsa admitiera públicamente la derrota del oficialismo al considerar "irreversible" la tendencia de los resultados, los candidatos del Frente Progresista, Cívico y Social salieron a hablar con sus simpatizantes.
Binner, que rompió una hegemonía que el PJ mantenía en Santa Fe desde la vuelta de la democracia, en 1983, convocó a todos sus comprovincianos a construir una provincia "con más justicia y equidad". También se hizo un espacio para saludar a todos los integrantes de la coalición, e incluyó allí "a los peronistas, que siguen los preceptos de su fundador".
También se mostró amplio Binner cuando desde el público se escucharon silbatinas hacia el presidente Néstor Kirchner y el gobernador, Jorge Obeid. "No comparto los silbidos", sentenció cortante.
Escrutado casi el 100% de las mesas en toda la provincia, el Frente Progresista, Cívico y Social que lidera Binner, se acercaba al 49% de los votos y obtenía una ventaja de cerca de diez puntos sobre el Frente para la Victoria.
Los números, que arrancaron favorables hacia Bielsa, se fueron volcando hacia el lado del candidato socialista cuando empezaron a llegar los guarismos de las ciudades más grandes de la provincia. Allí, Binner obtiene claras diferencias que aparecen como indescontables.
Parte del panorama político de cara a las presidenciales de octubre se jugaba hoy en estas elecciones santafesinas. Y es que una victoria del oficialista Bielsa hubiera terminado de darle el golpe final a una oposición que no levanta en las encuestas para las presidenciales. La impresión es que, con ese resultado, el camino de Cristina Kirchner a la Casa Rosada se habría terminado de allanar.
Claro que, con la victoria de Binner, el escenario es otro, más allá de la buena llegada del socialista a la Casa Rosada, que alguna vez lo hizo integrar el grupo de intendentes "transversales" cercanos al proyecto K, con el cordobés Luis Juez. Elisa Carrió, que apoyó a Binner en la campaña, afirmó que el resultado de Santa Fe es "una confirmación más de que habrá ballottage en octubre" entre ella y Cristina Kirchner. Una posibilidad que por ahora aparece muy lejana en los sondeos.




